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¿Quién se hace cargo? El usuario, rehén de una interna política entre Vialidad y las empresas por el desmalezamiento

¿Por qué Vialidad Nacional permite que la maleza oculte la visión de quienes conducen?

Las rotondas y banquinas de nuestras rutas nacionales en Formosa hoy no son solo una muestra de abandono estético; se han convertido en trampas mortales. A raíz de los constantes reclamos que llegan a los estudios de Radio La Nueva, la pregunta es obligada: ¿Por qué Vialidad Nacional permite que la maleza oculte la visión de quienes conducen?
La respuesta, lamentablemente, es una combinación de burocracia ciega, licitaciones por más de ciento cincuenta millones de pesos y un centralismo asfixiante que se decide a mil kilómetros de distancia.
La historia detrás del monte que crece a la vera del asfalto es el reflejo de un sistema que no funciona. Se contrató a una empresa tercerizada que, según los hechos, pretendía cobrar por un trabajo que no realizaba. El conflicto estalló cuando, desde el distrito local, se intentó supervisar: la empresa decía haber cortado 300 kilómetros, pero la realidad mostraba apenas 80. Mientras que la cooperativa contratada reclamaba una millonaria cifra para completar el trabajo. Allí comenzó el "tire y afloje" entre la empresa y Buenos Aires, dejando a Formosa como el convidado de piedra en una negociación donde lo que menos importaba era la seguridad vial.
El resultado de este "quilombo político y burocrático", como se escucha en los pasillos de los organismos nacionales, fue la cancelación de la licitación. Y mientras en las oficinas porteñas se redactan nuevos pliegos y se centralizan hasta los insumos más básicos como el bacheo y el combustible, el usuario —el que paga sus impuestos y transita a diario— queda a la deriva entre yuyales que superan la altura de un auto.
No es una cuestión menor. Cuando un conductor llega a la rotonda del Aeropuerto o circula por el interior y "casi se agarra una moto" porque el pasto impide ver quién viene, la burocracia deja de ser un trámite para convertirse en una amenaza a la vida.
Vialidad Nacional, en su afán de manejarlo todo desde un escritorio en Buenos Aires, ha provocado una desconexión total. Las máquinas propias del distrito local no dan abasto; cuando terminan un tramo, el otro ya creció. La tercerización, que debería ser la solución, fracasó por falta de control y por arreglos políticos que nos superan.
Es hora de que las autoridades entiendan que el mantenimiento de las rutas no puede esperar a que una licitación dé vueltas por despachos lejanos. La seguridad vial no es un "ítem" contable, es una urgencia. Mientras Buenos Aires decide, el pasto sigue creciendo y el riesgo de una tragedia está a la vuelta de cada rotonda. La cooperativa mientras tanto prepara acciones legales.

 

(foto referencial)

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