
Etiquetado frontal "Los sellos son una advertencia rápida, pero no reemplazan la educación nutricional"
Más conciencia, pero no mejores hábitos
Tras la media sanción de la Ley “Hojarasca”, el gobierno de Javier Milei planea eliminar o modificar los octógonos negros de los envases. En diálogo con Radio La Nueva, la licenciada en nutrición Jimena Atencia defendió la herramienta informativa, aunque reconoció la necesidad de realizarle ajustes técnicos: "Los sellos sirven para compras rápidas, pero la ley tiene baches; un queso entero lleva sello de exceso, pero si comés la porción diaria de 30 gramos, no te excedés en nada".
BUENOS AIRES y FORMOSA – Luego de anotarse un triunfo político en la Cámara de Diputados con la aprobación de la Ley “Hojarasca”, la gestión nacional de Javier Milei fijó su próximo objetivo regulatorio: la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, popularmente conocida como Ley de Etiquetado Frontal. Legisladores del oficialismo ya presentaron en el Congreso un proyecto que busca la derogación total o modificación profunda de la normativa dictada en 2021, abriendo un intenso debate entre la libertad de comercio y la salud pública.
La ley vigente obliga a las empresas alimenticias a exhibir octógonos negros de advertencia en productos con excesos de componentes críticos (azúcares, sodio, calorías y grasas), tomando como parámetro los rigurosos perfiles nutricionales de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
La mirada profesional: una advertencia rápida que funciona
En comunicación con Radio La Nueva, la licenciada en nutrición Jimena Atencia analizó el impacto real de los sellos en las góndolas y se plantó en contra de una eliminación total del sistema. "Desde la salud pública, eliminar completamente el etiquetado frontal es difícil de justificar. Pasar de tener advertencias visibles a no tener nada sería un retroceso rotundo", manifestó la especialista.
De acuerdo con Atencia, la evidencia científica respalda la utilidad de los octógonos como un mecanismo de protección al consumidor:
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Inmediatez: Funciona como una alerta visual veloz para compras rápidas, ideal para niños, familias o personas que no saben o no tienen tiempo de interpretar las complejas tablas nutricionales del dorso.
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Cambio de hábitos: Impulsa a los consumidores a modificar sus decisiones de compra al ver el impacto gráfico en los envases.
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Efecto industrial: Obliga a las industrias y pymes a reformular las recetas de sus productos para "limpiar" los envases y evitar los sellos.
Las fallas del sistema: "El sello aparece si consumís el paquete entero"
Pese a defender la permanencia de la ley, la nutricionista fue muy autocrítica con la ingeniería con la que se redactó la normativa argentina, coincidiendo con algunos argumentos de quienes piden revisarla. El principal defecto, explicó, es la simplificación extrema que asusta al consumidor y criminaliza alimentos que pueden formar parte de una dieta equilibrada.
"Hay que ajustar criterios. Por ejemplo, un queso 'saludable' o por salut de 500 gramos lleva el sello de 'Exceso en grasas totales' porque la ley evalúa la composición química total de un envase grande. Si vos te clavás los 500 gramos juntos, sí es un exceso. Pero si leés el rotulado tradicional y consumís la porción recomendada de 30 gramos, no tenés ningún exceso en grasas ni en calorías", ejemplificó la licenciada.
Atencia remarcó que lo mismo ocurre con los yogures: "A veces se pasan por apenas un miligramo del límite estricto de sodio fijado por la ley y automáticamente quedan obligados a llevar el mismo cartel de exceso que una golosina ultraprocesada". Esta falta de gradualidad genera el famoso fenómeno de que "como todo tiene sellos, la gente siente que no puede comer nada y termina ignorando la advertencia".
Más conciencia, pero no mejores hábitos
Durante la entrevista, se debatió cómo cambió la alimentación de los argentinos en la última década. La profesional consideró que hoy existe mucha más "conciencia nutricional" que en la época en que lo "light" o "diet" se consumía de forma ilimitada bajo el mito de que no engordaba. No obstante, advirtió que "más información no siempre se traduce en mejores hábitos", debido al ritmo de vida actual que empuja al consumo de conservantes y comidas ultraprocesadas de rápida cocción.
En ese sentido, la conductora del programa relató su experiencia familiar: "Mi hija no lee tablas tradicionales, pero mide qué tan saludable es un producto contando la cantidad de sellos negros que tiene en el frente".
Hacia el cierre, la licenciada Atencia recomendó desmitificar los extremos y enfocarse en la educación, enseñando sobre porciones, frecuencias y la calidad global de lo que se ingiere. Asimismo, derribó mitos actuales instalados en el deporte y las redes sociales: aclaró que el huevo —pese a su fama— no es únicamente proteína sino también grasa, y defendió el uso diario de los suplementos de proteína de suero de leche (un scoop equivale a un bife de carne), señalando que son transportables, dan saciedad y pueden ser consumidos por cualquier persona para cubrir sus requerimientos diarios, sin necesidad de ser un atleta de alto rendimiento.