
Desesperado pedido de auxilio: Una madre denuncia bullying extremo y desidia escolar en el Barrio La Nueva
Un historial de terror y silencio
La menor tiene 13 años y TEA (Autismo Nivel 1). El año pasado intentó quitarse la vida por el acoso constante de sus compañeras. Hoy, el calvario continúa ante la indiferencia de los directivos de la EPES N° 99, quienes se limitan a aplicar sanciones mínimas mientras la niña vive aterrada.
"Hacemos lo imposible para sostenerla, pero nos estamos rompiendo por dentro", relató Ana en una entrevista desgarradora con Radio La Nueva. Su hija es víctima de un hostigamiento sistemático que ha escalado desde el acoso verbal hasta amenazas con agresión física dentro del aula.
Un historial de terror y silencio
El calvario de la pequeña no es nuevo. Durante el primer año de secundaria, el acoso fue tan severo que la niña pasó todo el ciclo lectivo ocultando su rostro tras un barbijo para evitar las burlas por su sonrisa. Sin embargo, el punto de quiebre ocurrió en noviembre de pasado año.
“El año pasado mi hija estuvo internada una semana porque tuvo un intento de suicidio. No quería vivir, no quería ir al colegio porque estaba muy asustada. Se encerró en el baño e intentó tomar pastillas... entró en una crisis donde empezó a arrancarse las pestañas y los vellos”, relató Ana con la voz quebrada.
A pesar de la gravedad del antecedente, la respuesta de la institución educativa fue, según la madre, "insuficiente y burocrática". La sanción para la principal agresora fue de apenas cinco días de suspensión, una medida que no detuvo el acoso en el ciclo lectivo actual.
Inacción institucional: "De la puerta para afuera, no podemos hacer nada"
Ana denunció que, tras presentarse ante el director de la EPES N° 99, la respuesta recibida fue una muestra de deslinde de responsabilidades. Según su testimonio, el directivo le manifestó que no podía garantizar la seguridad de la menor fuera del establecimiento y que ella era libre de realizar una denuncia legal si así lo deseaba.
“¿Cómo yo sé que a mi hija la traigo a un lugar seguro? Le dije al director llorando: ¿Cómo sé que en un descuido no sucede algo que tenga que venir a lamentar? Mi hija está horrorizada, tiene mucho miedo”, expresó la madre.
La menor, descrita como una alumna excelente y aplicada que sueña con ser maestra especial, hoy sufre crisis de ansiedad y falta de sueño. El acoso actual incluye humillaciones públicas: “Mi hija va al baño y le tiran papeles de caramelo, comida... El otro día, una de las nenas quería el lugar de mi hija, le arrojó todas las cosas al suelo y ella, calladita, juntó todo y se fue al fondo”.
El pedido de una madre presente
Ana, quien acompaña a su hija cada mañana hasta que suena el timbre de entrada para asegurarse de que nadie la agreda en el ingreso, insiste en que la solución no es cambiarla de escuela —lo cual desarticularía su estructura y rutinas vitales para una persona con TEA— sino intervenir sobre los agresores y sus familias.
“Yo acepto y quiero al otro así como es, no importa si es gordo, flaco o le falta un dedo. Estoy criando hijos de bien... 'Dios te ha mandado así, sos perfecta', le digo a mi hija cuando me pregunta por qué nació así”.
La comunidad educativa y las autoridades enfrentan ahora el desafío de intervenir en un caso que ya ha mostrado signos de extrema peligrosidad. Mientras tanto, Ana continúa luchando, esperando que el lugar donde su hija debería estar aprendiendo deje de ser el lugar donde su vida corre peligro.